La aeronave del futuro: ventajas e incidencia sobre el diseño aeroportuario actual

En 2009, la École Polytechnique Fédérale de Lausanne (EPFL) se embarcó en un proyecto que, incluso nueve años después, sigue sonando transgresor. Lo que por aquel entonces parecía el loco sueño de un grupo de ingenieros encabezado por Claudio Leonardi (Lausanne, 1959) es hoy una idea con nombre propio: Clip-Air, un avión modular que pretende revolucionar tanto la industria del transporte aéreo como la infraestructura que lo rodea.

Imagínense: subir a una cápsula en una estación y dirigirse, sobre raíles, al aeropuerto. Una vez allí, y sin levarse del asiento, volar hacia otra ciudad. Grosso modo, ese es el objetivo de Clip-Air, un proyecto consistente en un aparato modular compuesto por un ala de la que penden una, dos o incluso tres cápsulas de diferentes dimensiones y capacidad. De este modo se esboza lo que podría ser el transporte aéreo del futuro: flexible, lógico, acorde con las necesidades del mercado y con un menor consumo energético. Es decir: la idea de Clip-Air no sería, como tal, la de un avión más grande y rápido, sino más bien un modo distinto de concebir el transporte aéreo.

Clip-Air engloba, por un lado, la estructura de soporte compuesta por el ala, los motores, la cabina, el combustible y el tren de aterrizaje; estructura en la que se emplearían, mayoritariamente, tecnologías ya existentes. Por el otro lado estarían la carga transportada, los pasajeros y la mercancía. La cápsula es, por lo tanto, el fuselaje de una aeronave, pero desprovisto de algunas de sus características más comunes.

A nivel teórico, Clip-Air se presenta como una solución con gran potencial en lo relativo a la capacidad de transporte. Esto se debe a una gestión eficiente, a un índice de ocupación eficaz y a la flexibilidad en la oferta y demanda que proporciona la posibilidad de incorporar una, dos o tres cápsulas.

Por otra parte, el proyecto se ha marcado una serie de objetivos de diferente índole. A nivel medioambiental, por ejemplo, aportaría mejoras con respecto al modelo de aeronave actual: empleando un combustible clásico, el consumo de Clip-Air (si se explota por completo su capacidad) sería menor que el de una aeronave al uso, puesto que puede transportar la misma cantidad de pasajeros que tres aviones A320 con la mitad de motores.

A nivel energético, el proyecto abarca el empleo de nuevos carburantes como, por ejemplo, el hidrógeno líquido, que sería transportado en una cápsula central convertida en depósito. A su vez, la flexibilidad de Clip-Air permitiría el regreso de los módulos vacíos por raíl; esto nos da la idea de un sistema en el que sería posible explotar una vertiente eléctrica de las aeronaves.

Pero, además de estos beneficios, Clip-Air promete incrementar el nivel de seguridad a bordo: el hecho de que el fuselaje y la cabina estén en módulos diferentes de la aeronave evitaría tentativas malintencionadas de desvío de la ruta. Igualmente, se prevé la opción de dotar las cápsulas de paracaídas, dada la posibilidad de soltar uno o varios de estos compartimentos en caso de fallo técnico y guiarlo hasta el lugar más seguro, ya sea en tierra o mar. Otro de los puntos fuertes en lo relativo a la seguridad es que las cápsulas se recargarían por medio de baterías, y, durante el vuelo, con los propios motores. Esto significa que no habría combustible a bordo.

La condición modular de estas aeronaves hace que ciertas labores, como las de mantenimiento, sean menos engorrosas: mientras que, por ejemplo, los pasajeros embarcan, el módulo del ala podría estar siendo revisado por el personal del aeropuerto.

Asimismo, la modularidad de Clip-Air puede significar un importante ahorro económico para las compañías aéreas. En un embarque al uso hay que dedicar un mínimo de 35 minutos a labores como el repostaje, la subida a bordo de los pasajeros y sus equipajes o la carga del cáterin. En el caso de Clip-Air, estos tiempos se verían reducidos, puesto que estos elementos llegarían «embarcados» al aeropuerto. Teniendo en cuenta que cada minuto que una aeronave pasa en tierra significa un importante desembolso para las aerolíneas, el sistema Clip-Air podría repercutir positivamente en los beneficios económicos de la empresa.

Las compañías aéreas pueden, además, aprovechar la modularidad de otro modo: en un mismo vuelo podrían operar hasta tres aerolíneas diferentes, o incluso sería posible reservar una o varias cápsulas a pasajeros y el resto a mercancía. Hay, dentro del proyecto, quien incluso ha imaginado la creación de cápsulas privadas, cápsulas-hotel o cápsulas-hospital, que podrían ser transportadas a lugares donde haya ocurrido una catástrofe.

¿Cómo afectaría Clip-Air a la infraestructura del transporte aéreo?

Resulta sencillo pensar que el concepto Clip-Air daría pie, a la larga, a una revolución en lo que al diseño de aeropuertos se refiere. Sus cápsulas autónomas, de tamaños similares al de un vagón de tren, están concebidas para moverse sobre raíles. De hecho, una de ellas, con 24 metros de largo y 3 de diámetro, se adaptaría perfectamente a las dimensiones del sistema ferroviario europeo. Las más grandes, con 27,5 metros de largo y 4 de diámetro, implicarían cambios en la infraestructura europea, pero se adaptarían perfectamente a la norteamericana. De este modo, el embarque podría hacerse no solamente en aeropuertos, sino también en otro tipo de infraestructuras, como estaciones de tren o incluso empresas.

A ojos de los usuarios, los viajes por aire y todo el proceso previo al embarque en un avión entrañan una serie de inconvenientes, encabezados por los periodos previos de espera. Teniendo esto en cuenta, el diseño de un tipo de filtros de control alojados dentro de las propias estaciones podría devenir en una importante reducción de estos tiempos de espera.

Esta modificación de la infraestructura del transporte aéreo no solo implicaría una reducción de las esperas, sino que mejoraría considerablemente la calidad de estas, eliminando los periodos en las colas de facturación, seguridad y embarque, así como los tiempos de espera pasiva en la terminal. En el caso concreto de Clip-Air, desde el embarque en la estación hasta el despegue, el pasajero podría permanecer todo el tiempo sentado en su asiento.

Otro de los problemas que los usuarios destacan del transporte aéreo actual es la distancia que generalmente separa los aeropuertos de la ciudad a la que sirven. Estos trayectos, cuyos inconvenientes pueden aumentar en los casos de personas mayores o con movilidad reducida, implican la necesidad de disponer de un tiempo determinado, normalmente amplio, antes del vuelo. Este problema, una vez más, se vería resuelto con la posibilidad de embarcar en la propia ciudad.

Teniendo estas razones en cuenta, la implantación de Clip-Air podría implicar una reevaluación de las infraestructuras aeroportuarias, con la importante inversión económica que ello conllevaría para cualquier administración. A esto hay que sumarle otros factores, como la estrecha relación entre los aeropuertos y los gobiernos centrales, aspecto podría suponer un obstáculo para una reforma de semejante envergadura.

En cualquier caso, es importante destacar que Clip-Air no necesita una remodelación imperativa ni inmediata del sistema aeroportuario. Dado que funciona como una aeronave normal, este aparato podría aterrizar y despegar en un aeropuerto actual, sin que este tuviese que adaptarse a sus características. La explotación del concepto podría, no obstante, comenzar poco a poco en el interior de la zona aeroportuaria. Con el paso del tiempo, y en función de las necesidades y de la flexibilidad del sistema, el resto de ideas ligadas a Clip-Air podrían ir ganando terreno. Este proceso, que pudiera resultar lento, es a ojos de sus integrantes uno de los puntos fuertes del proyecto, pues su idea es que se convierta en uno de los medios de transporte de las próximas generaciones.

Por otro lado, es importante recordar que el transporte aéreo es un sector particularmente conservador debido a los altísimos niveles de seguridad que presenta, aspecto que lo convierte en una auténtica proeza del ser humano. Por este y otros motivos, para concebir la aeronave del futuro es necesario armarse de paciencia y avanzar poco a poco, adaptándose a las exigencias y a los cambios del sector. En la confluencia entre esta realidad y los muchos beneficios del proyecto se halla la respuesta a la pregunta que en su día se plantearon Claudio Leonardi y su equipo: ¿es Clip-Air el medio de transporte del futuro?