Arte y cultura en el Aeropuerto de Ámsterdam

Los intervalos de espera que existen entre los controles de seguridad y el embarque, sumados a los tiempos de desplazamiento y a la posibilidad de retrasos en los despegues, han convertido a los terminales en lugares donde los pasajeros dedican una considerable cantidad de horas muertas. Ante esta circunstancia, la dinámica habitual de los gestores suele estar orientada a la incorporación de superficies comerciales de toda índole en las que los viajeros pueden invertir su tiempo y su dinero.

Desde las tradicionales áreas duty free hasta la reciente introducción de comercios que uno podría encontrar a pie de calle, los terminales modernos van camino de convertirse en una nueva modalidad de centros comerciales donde el cliente está obligado a permanecer durante horas.

No obstante, existen ejemplos de aeropuertos donde la faceta comercial convive con otro tipo de espacios en los que pasar los ratos libres. Uno de ellos es el de Ámsterdam-Schiphol (Países Bajos), donde el arte tiene, desde mediados del siglo pasado, un protagonismo particular.

La idea de introducir arte en Schiphol surgió en los años 60, década en la que comenzaron a  exhibirse las primeras obras en el aeropuerto. Una de las más representativas es la famosa Schipholappel de Kees Franse: una enorme manzana de madera que lleva desde 1975 sirviendo como punto de encuentro a viajeros y visitantes del terminal.

Con todo, no fue hasta 2002 que el Aeropuerto de Ámsterdam decidió marcar un antes y un después en esta peculiar tendencia introduciendo en sus instalaciones una sucursal del Rijksmuseum (Museo Nacional de Ámsterdam). Esta colaboración entre el aeródromo y la pinacoteca permitió exhibir diez obras maestras de la pintura neerlandesa, entre las que se podían encontrar ejemplares de Rembrandt o Jan Steen. Con aquella campaña, Schiphol se convirtió en el primer aeropuerto en albergar un museo entre sus paredes, mientras que el Rijksmuseum fue pionero en tener sede en un espacio aeroportuario.

Tras un periodo de inactividad de esta aplaudida iniciativa, recientemente ambos organismos han decidido reemprenderla, esta vez en unas nuevas instalaciones situadas entre las salas 2 y 3 del aeropuerto. El espacio dedicado a la exposición ─una superficie con forma de S que ocupa 167 metros cuadrados─ está abierto al público las 24 horas del día de manera totalmente gratuita.

Sin embargo, la reapertura del Rijksmuseum en Schiphol no es la única novedad con respecto a estas dos instituciones: para celebrar la reanudación de su actividad conjunta, el museo ha decidido decorar una de las cintas de recogida de equipajes con las imágenes de 45 de sus obras de arte. Así, los 73 metros que ocupa la cinta número 16 están ahora adornados con frescos que van desde la Edad Media hasta el arte contemporáneo.

Si a lo anterior le añadimos que Schiphol acoge, además de esta pinacoteca, una biblioteca y el museo de ciencias NEMO, podemos afirmar sin miedo a equivocarnos que no solo de comercios puede vivir el viajero ocioso.