EL ARTE DE CONTROLAR LA NATURALEZA

Desde las ideas renacentistas del genio florentino Leonardo da Vinci hasta el vuelo realizado por los hermanos Wright en 1903, el ser humano siempre soñó con surcar los cielos y compartir con las aves su ansiado hábitat natural. Poco más de un siglo ha pasado desde aquel recorrido, pero ha sido tiempo más que suficiente para que la aviación experimentase avances a todas luces prodigiosos.

A día de hoy, el avión es el medio de transporte por excelencia: rápido, seguro y, desde hace años, barato. Sin embargo, aunque corren nuevos tiempos para la aeronáutica, existe todavía una barrera por superar en materia de protección: la incompatibilidad existente entre las aves autóctonas y la integridad de las aeronaves. No son pocas las ocasiones en que el vuelo de una bandada de pájaros ha comprometido la seguridad de un avión, o incluso causado incidentes como el del vuelo 1549 de US Airways, más conocido como el amerizaje en el río Hudson de Nueva York.

Para evitar este tipo de percances, uno de los métodos más empleados en los campos de vuelo es el antiguo arte de la cetrería. De uso muy extendido en el ámbito aeroportuario, la cetrería no supone una excepción a los avances tecnológicos antes mencionados, como así lo ha demostrado recientemente el Aeropuerto Internacional de Edmonton (Canadá). Este organismo realizó la pasada primavera varias pruebas piloto en las que se emplearon robots voladores con la apariencia de halcones para ahuyentar las aves de la zona y eludir problemas de seguridad en las operaciones de despegue y aterrizaje.

La tecnología, bautizada como Robird (combinación de las palabras robot y bird), ha sido diseñada y desarrollada por la empresa neerlandesa Clear Flight Solutions. La compañía, cuya sede está ubicada en la ciudad de Enschede (Países Bajos), es una filial de la Universidad de Twente, y dedica buena parte de su actividad al control aviario internacional a través de drones y Robirds manejados por pilotos experimentados.

En el caso concreto del Aeropuerto Internacional de Edmonton, el primero en emplear la tecnología Robird, se ha utilizado una réplica del halcón peregrino (Falco peregrinus), un modelo que imita a la perfección el comportamiento de las aves de su especie. Al igual que una rapaz de verdad, el Robird alcanza una velocidad de 65 kilómetros por hora, lo cual le permite recorrer grandes distancias en poco tiempo. Además, Clear Flight Solutions afirma que las características del robot permiten que su vuelo sea completamente seguro en condiciones climáticas de hasta 27 nudos de viento.

Con un peso de unos 730 gramos (incluida la batería), una longitud de poco más de medio metro y 112 centímetros de envergadura, el Robird es tan realista que los propios halcones lo confunden con un miembro de su especie. A este hecho contribuye considerablemente su diseño: fabricado en material resistente impreso en 3D y dotado de alas flexibles hechas a base de un compuesto espumoso, el Robird es aerografiado manualmente para ser lo más realista posible.

Cada recarga de batería asegura una autonomía de unos 15 minutos en estos aparatos, que además disponen de un sistema automático de regreso al punto de lanzamiento y de un método de localización de límites virtuales para detectar aquellas zonas por donde no deben volar.

La empresa creadora de esta innovadora tecnología no vende los Robirds de manera independiente; el negocio de la compañía consiste en proporcionar un servicio completo de control aviario. En otras palabras, Clear Flight Solutions no solo facilita los robots al cliente, sino que el servicio también incluye a pilotos especializados en manejo de drones, ornitología y comportamiento de las aves, con el objetivo de garantizar la seguridad de las operaciones aéreas.

El Aeropuerto Internacional de Edmonton ha sido pionero al poner en práctica esta metodología sencilla y ecológica, que no solo contempla la seguridad aeroportuaria sino también la protección de la fauna local. Ojalá sea el primero de muchos.